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¡Oh mi adorada niña!

¡Oh mi adorada niña!
¡Oh mi adorada niña!
Te diré la verdad:
tus ojos me parecen
brasas tras un cristal;
tus rizos, negro luto,
y tu boca sin par,
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.
 
Autor del poema: Rubén Darío
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