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San Rafael

Coches cerrados llegaban 
a las orillas de juncos 
donde las ondas alisan 
romano torso desnudo. 
Coches que el Guadalquivir 
tiende en su cristal maduro, 
entre láminas de flores 
y resonancias de nublos. 
Los niños tejen y cantan 
el desengaño del mundo, 
cerca de los viejos coches 
perdidos en el nocturno. 
Pero Córdoba no tiembla 
bajo el misterio confuso, 
pues si la sombra levanta 
la arquitectura del humo, 
un pie de mármol afirma 
su casto fulgor enjuto. 
Pétalos de lata débil 
recaman los grises puros 
de la brisa, desplegada 
sobre los arcos de triunfo. 
Y mientras el puente sopla 
diez rumores de Neptuno, 
vendedores de tabaco 
huyen por el roto muro. 

II 

Un solo pez en el agua 
que a las dos Córdobas junta: 
Blanda Córdoba de juncos. 
Córdoba de arquitectura. 
Niños de cara impasible 
en la orilla se desnudan, 
aprendices de Tobías 
y Merlines de cintura, 
para fastidiar al pez 
en irónica pregunta 
si quiere flores de vino 
o saltos de media luna. 
Pero el pez, que dora el agua 
y los mármoles enluta, 
les da lección y equilibrio 
de solitaria columna. 
El Arcángel aljamiado 
de lentejuelas oscuras, 
en el mitin de las ondas 
buscaba rumor y cuna. 


Un solo pez en el agua. 
Dos Córdobas de hermosura. 
Córdoba quebrada en chorros. 
Celeste Córdoba enjuta.

Autor del poema: Federico García Lorca
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