¡Muy niño iba soñando en Ko-Hinnor, 
Suntuosidad persa y papal, 
Heliogábalo Y Sardanápalo!

¡Mi deseo creaba bajo los techos de oro, 
entre los perfumes, al son de las músicas, 
Uno harenes sin fin, paraísos físicos!

Hoy, más sosegado y no menos ardiente, 
Pero conociendo la vida y la necesidad de doblegarse 
He debido refrenar mi bella locura, 

Sin resignarme demasiado, sin embargo,
¡Sea! lo grandioso escapa a mis dientes, 
pero, ¡quita allá lo amable y quita las heces! 

Siempre he odiado a la  mujer bonita, 
A la rima asonante y al amigo prudente.

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