A veces tuvo algún dinero 
e invitó a sus camaradas 
de un sexo o de dos, inteligentes 
o encantadores, o bien ambas cosas, 
sin que en los espíritus enfermos 
su buena reputación 
sufriese más que tropezones. 

¿ Lúculo ? No, ¡Trimalción!
Bajo sus artesonados, cantos 
y palabras nada insípidas, 
Eros y Baco, indulgentes, 
Presidían aquellas serenatas 
Acompañadas por abrazos. 

Luego, coros y conversaciones 
Cesaban para unos fines poco severos. 
¿ Lúculo ? No, ¡Trimalción!

El alba despuntaba y aquellos malvados 
la saludaban con cien alboradas 
que despertaban, y con mil brindis, 
de lejos a las gentes de bien. 

Sin embargo, vagos brigadas 
-¿ celo o denuncia ? – 
verbalizaban en las alcaldías. 

¿ Lúculo ? No, ¡Trimalción!

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