No aceptamos la soledad
nos sentimos insuficientes
algo así como desvalidos.
Nos gusta estar de a dos
como árboles siameses.

Lo necesitamos
porque renacemos 
desde las horas vacías
desde el temblor de los labios 
cuando reciben el beso.

Es, algo así
como una revelación de la complicidad
y si bien
en la osadía de la búsqueda
el presagio de la tristeza es el riesgo
siempre
cedemos a la tentación
de volver a ser en otro.
 
Pintura: Marc Chagall - La rama

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