Mi cuerpo es cuenco rasgado
si tu boca inyecta
la persecución de la vergüenza humana.
Ánfora griega de piernas salinas soy
si tu saliva atraviesa mis caderas y espalda.
Un dialecto de belleza habla la piel
si estremeces
la quietud consciente de los labios de Venus
así
desde el pulso angustioso y elíptico
de la sangre en las venas