Si bajo el pliegue de los ojos
se oculta el arrebato, siempre
el sujeto más obtuso entiende;
la silenciosa sed no distingue  fronteras.
 Todo es libertad.

Tantas veces he visto tus formas
en la clandestina noche
que ahora verte aquí
 libre de  banalidades
pareces casi irreconocible
 cercano al misterio.

Al abrir la ventana
 sonidos de tantas voces
alertan las entrañas.
Pides que la cierre. ¡Travieso!.
 Ya sé
 gustas ver la desnudez de mi espalda.
Inevitable es: iniciar el cortejo.

Rosas ruedan entre las sábanas. Ivan Slavinsky
 
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