Confiabas, necio, en la posteridad,
y al juicio de la historia
legabas tus minutos. Al trueque del futuro
inmolaste el presente, renunciando
a la gozosa potestad del acto, al impagable
deleite de morir en cada gesto.
La sentencia del tiempo
no mostrará mayor benevolencia.
Mas ahora eres viejo y no es posible
reescribir el pasado ni te queda una página,
un último minuto para rectificar.
¡Qué error, así, la vida!
Aguardar hasta el fin la absolución,
en tanto te maldices tú mismo y te condenas
a morir esa muerte
que habías, sin saberlo, continuamente muerto:
Los ríos, muchas veces, son el mar.

Pintura: "Escena neoclásica", Henry Pether (1830-1902).
 
Compartir

Administrador de mundo poético, portal web de entretenimiento donde encontraras los mejores poemas, poesías, odas, cultura y literatura de las grandes mentes maestras de todos los tiempos...Leer mas...