Entonces hubiera gritado:
¡Señor, salva a Juan!
He visto deshacerse muchas bellezas;
sería bueno que quedase
una como emblema de nuestro
tiempo, un licor joven
que -contra el uso-
no envejeciera nunca...
Aún es hoy como monda
de naranja, y sonríe,
y un aroma delgado
aún llena el aire...
Pero no, tampoco mi oración
obtuvo respuesta.

(Fotografía: Jose Ruiz Quesada©)

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