Renuncia a tu cuidado, bien lo sé: tras
 ese dolor que tu embestida aqueja,
 en alivio y placer muda la queja,
 más sosegada cuanto más penetras.

 Cerveza transmutada o sidra añeja,
 del oro tibio la furiosa recta
 su apagado licor suma y proyecta
 sobre el cuerpo deseoso que festeja

 tanto derrame. A bálsamos o ardides
 que atenúen la quema de tu entrada
 nunca recurras. Mientras menos cuides,

 unjas, prevengas, o envaselinada
 disimules, mejor. Para que olvides
 el mudo simulacro de la nada.

Autor del poema: Severo Sarduy
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