Un laurel es tu mano entre mi mano 
y agua unitiva el río de tu brazo, 
ansias somos unidas por un lazo 
tenso de resistir y cotidiano. 

El roce de tus labios no fue en vano 
y para comprobarlo te doy plazo: 
sobre mi pecho de hombre está tu trazo 
y tu aliento a mi boca está cercano. 

Mujer ausente y todopoderosa 
no deseo olvidar tu cuerpo fino, 
ni tu caricia misericordiosa. 

Amo tu risa de fulgente lino 
y al recordarte ahora, dolorosa 
se me vuelve la sangre y agrio el vino.

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