Miré, señora, la ideal belleza, 

guiándome el amor por vagarosas

sendas de nueve cielos,

y absorto en su grandeza,

las ejemplares formas de las cosas

bajé a mirar en los humanos velos,

y en la vuestra sensible

contemplé la divina inteligible.


Y viendo que conforma

tanto el retrato a su primera forma,

amé vuestra hermosura,

imagen de su luz divina y pura,

haciendo, cuando os veo,

que pueda la razón más que el deseo.


Y pues por ella sola me gobierno,

amor, que todo es alma, será eterno.

Autor del poema: Lope de Vega
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