Su mano entre mis manos, 

sus ojos en mis ojos, 

la amorosa cabeza 

apoyada en mi hombro.


¡Dios sabe cuántas veces, 

 con paso perezoso, 

hemos vagado juntos, 

bajo los altos olmos 

que de su casa prestan 

misterio y sombra al pórtico!


Y ayer, un año apenas, 

pasado como un soplo, 

con qué exquisita gracia, 

con qué admirable aplomo,


Me dijo al presentarnos 

un amigo oficioso: 

Ceo que en alguna parte


He visto a usted. -¡Ah! bobos, 

que sois de los salones 

comadres de buen tono, 

y andáis por allí a caza 

e galantes embrollos.


¡Qué historia habéis perdido! 

¡Qué manjar tan sabroso 

para ser devorado 

sotto voce en un corro.


detrás del abanico 

de plumas y de oro! 

¡Discreta y casta luna, 

copudos y altos olmos, 

paredes de su casa,


Umbrales de su pórtico, 

callad, y que el secreto 

no salga de vosotros!


Callad, que por mi parte 

lo he olvidado todo, 

y ella,ella,¡no hay máscara 

semejante a su rostro!

 

Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer

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