Manitas de los niños, 
manitas pedigüeñas, 
de los valles del mundo 
sois dueñas. 

Manitas de los niños 
que al granado se tienden, 
por vosotros las frutas 
se encienden. 

Y los panales llenos 
de su carga se ofenden. 
¡Y los hombres que pasan 
no entienden! 

Manitas blancas, hechas 
como de suave harina, 
la espiga por tocaros 
se inclina. 

Manitas extendidas, 
piñón, caracolitos, 
bendito quien os colme, 
¡bendito! 

Benditos los que oyendo 
que parecéis un grito, 
os devuelvan al mundo: 
¡benditos!

Autor del poema: Gabriela Mistral
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