Como en un libro abierto
 leo de tus pupilas en el fondo.
 ¿A qué fingir el labio
 risas que se desmienten en los ojos?

 ¡Llora! No te avergüences
 de confesar que me has querido un poco.
 ¡Llora! Nadie nos mira.
 Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro. 


 

********


Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto… la he visto y me ha mirado…
¡hoy creo en Dios! 


********


Dejé la luz a un lado y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.

 ¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
 la embriaguez horrible de dolor,
 expiraba la luz y en mis balcones
 reía el sol.

 Ni sé tampoco en tan terribles horas
 en qué pensaba o que pasó por mí;
 solo recuerdo que lloré y maldije,
 y que en aquella noche envejecí. 


***************


De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

 Y esta vida mortal y de la eterna
 lo que me toque, si me toca algo,
 por saber lo que a solas
 de mí has pensado.

 

Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer

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