Cerrar menu
{title}
  • Secciones
    • Poesia
    • Poemas a la mar
    • Poesia de Amor
    • Poemas a la familia
  • Popular
  • Escritores
    • Biografias
    • Nacionalidades de los poetas
    • Escritores y poetas citados
    • Ver todos los escritores
  • Poemas
  • Categorias
  • Como escribir poesia
  • Espacio poético
Facebook X (Twitter) Instagram
  • Sobre nosotros
  • Últimos Poemas
  • Escucha tu poesia online
  • Más sitios que te gustarán
Facebook X (Twitter) Instagram Pinterest Vimeo

Mundo Poetico Mundo Poetico

  • Secciones
    1. Poesia
    2. Poemas a la mar
    3. Poesia de Amor
    4. Poemas a la familia
    1. Poema de amistad
    2. Poesia oscura
    3. Poesia de muerte
    4. Enamorados
    1. Poema de vida
    2. Poesia social
    3. Poema de libertad
    4. Poemas a la madre
    1. Poema de soledad
    2. Poemas infantil
    3. Poemas eroticos
    4. Poemas a los atomos
    1. Poemas religiosos
    2. Poemas de animales
    3. Ver todas las categorias
    4. Ver todas las etiquetas
    5. Post promocionado
  • Popular
    Ana

    Ana

    El Condor Y El Poeta

    El Condor Y El Poeta

    El Himno De Colombia

    El Himno De Colombia

    Consternados, rabiosos

    Consternados, rabiosos

    A Un Saman

    A Un Saman

  • Escritores
    1. Biografias
    2. Nacionalidades de los poetas
    3. Escritores y poetas citados
    4. Ver todos los escritores
    Wilmer Ramón Vega Ruiz

    Wilmer Ramón Vega Ruiz

    Julia Prilutzky Farny

    Julia Prilutzky Farny

    Pedro Gandía

    Pedro Gandía

    Anne Sexton

    Anne Sexton

    Ana Ajmátova

    Ana Ajmátova

    Aurora Luque

    Aurora Luque

    Jaroslav Seifert

    Jaroslav Seifert

    Luis Zalamea Borda

    Luis Zalamea Borda

    Philippe Jaccottet

    Philippe Jaccottet

    Jaroslav Seifert

    Jaroslav Seifert

    Eduardo Zalamea Borda

    Eduardo Zalamea Borda

    Alda Merini

    Alda Merini

    Octavio Paz

    Octavio Paz

    Eduardo Zalamea Borda

    Eduardo Zalamea Borda

    Wilmer Ramón Vega Ruiz

    Wilmer Ramón Vega Ruiz

    Luis Zalamea Borda

    Luis Zalamea Borda

  • Poemas
    Cuando por fin se encuentran dos almas

    Cuando por fin se encuentran dos almas

    Te Deseo

    Te Deseo

    Ama tu ritmo y ritma tus acciones...

    Ama tu ritmo y ritma tus acciones...

    Melancolía

    Melancolía

    No Morire Del Todo, Amiga Mia...

    No Morire Del Todo, Amiga Mia...

  • Categorias
  • Espacio poético
    • Como escribir poesia
    • Ultimos comentarios
    • Normas
    • Espacio poético
Búsqueda extendida

Escriba arriba y presione Enter para buscar.

Login

¡Bienvenido de nuevo!

Inicie sesión o Regístrate ahora

VK

o con Email

¿Has olvidado tu contraseña?

Mundo Poético    »     Principal    »     El invierno

El invierno


omegayalfa Por omegayalfa En: Principal, Luis Felipe Vivanco, Prosa, Poesia, Poema De Vida 1 906 0
Compartir Facebook Twitter Pinterest Copiar Enlace LinkedIn VKontakte Tumblr Reddit Telegram Email

Compartir
Twitter Pinterest LinkedIn Tumblr WhatsApp Email
1. Día de nieve blanda.
Las cortinas echadas.
(Verdes, rojas, sus franjas.)
Una firma al brasero.
Un vaso con violetas.
Y tú, enfrente.

(Una copa
de coñac, ya vacía.)
Tú, enfrente.
 
El cenicero
de plata. Ángeles músicos.
¡Qué alegre Frá Angélico!
¡Qué agreste Zabaleta
y su clara acuarela
que es una puerta abierta
al campo, con lejanas
colinas soleadas,
nada más!
 
El retrato
de tu hermana que ha muerto.
(Su marco isabelino
que se ahonda. )
   
 Recuerdo
el camino, con lluvia,
del cementerio. Cruza
la negra carretera.
Y es más noble pisar
la tierra que el asfalto.)
La flor de la algarroba,
azulina. ¿Recuerdas
los brillos de la avena?
Está el pueblo encharcado
con bombillitas tristes, 
ya en la noche.
 
Ha llegado
el auto. Los viajeros
que bajan; ropas húmedas
zapatos con barro.
 

2. Un vaso con violetas
sobre el mantel bordado
por ti cuando eras novia.
su canto gregoriano.
Sus músicos (sus pliegues
románicos ), tañendo
vetustos instrumentos:
El laúd, la vihuela
de arco, los albogues
el órgano de mano.
Hay pájaros con arpas
y panderos, y un árbol
estilizado.
(Nieva,
y han pasado dos años.)

Recuerdo aquel proyecto
de Aduana para el puerto
de Vigo. (Entre la lluvia
los picos de las Cíes,
donde en verano incuban
las gaviotas.) Todo
muy reducido a ejes,
muy bien resuelto (pero,
puse amor a Galicia,
temblor suyo ignorante,
en patios y tejados).
 

3. Los libros.
Y la niña
que se impacienta, y quiere
cogerlos.
(Son autores
ingleses, italianos.)

La niña, en su cercado
de barrotes azules,
malhumorada.
-Pronto,
ven, pajarito, y llévate
a esta niña!
La niña
se tira al suelo, esconde
la cabeza.
Y el pájaro
es el de nuestra lámpara
de artesanía.
(Libros
franceses, alemanes.)

Junto a La Galatea,
un Racine, un Verlaine,
un Antonio Machado.
Y Francis Jammes, desde
Le poete et sa femme
o Le poète rustique
su Almanaque, con
las flores, las legumbres, 
los paisajes del año.
Y Mireya (o Mireio,
en provenzal), ¡qué diáfano
en sus quietas estrofas
todo lo no romántico!
 

4. Las cosas 
Y la casa
cerrada. ( Clavar clavos
para colgar los cuadros.)
Tener casa. Tener
para siempre una esposa.
Y quererla.
Mirarla
con ojos que recobran
la ignorancia, queriéndola
sin hablar, acercándome,
coincidiendo con ella
en la misma sonrisa.

Estar siempre tan cerca,
y sentir que se aleja!
y ser malo, a sabiendas-,
y ser bueno.
Y quererla.

Los días y las horas
frente al limpio, sensible,
matizado horizonte
y llanura manchega.

Vida nuestra. ¡Tan nuestra
y tan mía! (Mirarla
sin hablar, comprendiéndola.)

¡Señor, ya no hace falta
la muerte! (Antes, me hacía
mucha falta su inédita
mitad.)
 
La nieve, fuera,
derritiéndose, blanda.
Los caminos, los chopos
de inverno...
Pero crecen
la niña y nuestra casa.
 

5. Recuerdos de esto mismo.
Ensueños verdaderos
de esto mismo.

Es el faro.
Pasan, blancas, sus ráfagas,
sobre las olas altas
del mar de Corrubedo.
Las oímos. Queremos
salir a verlas. Llueve
sobre el mar y la costa
de naufragios: los campos
de maíz y las dunas
solitarias (kilómetros
de arena golpeada
por el mar).

A la espalda
se han quedado los pueblos,
los prados, los cruceros
de piedra gris, los setos
de laureles, los muelles
del pescado.
El farero,
posa, grueso, su dedo
sobre el renglón cargado
tal vez de cervantinas
donosuras.
 
Y el faro
sigue, inmóvil, girando,
escrutando los lejos
brumosos del mar negro,
donde brota este viento
y estas gotas de lluvia
menudita en la cara
dejan de ser saladas.


6. Monte bajo. Carrascas.
las urracas. Las jaras.
Las colmenas. La curva
del camino -su débil
blancura- con el pino
grande. El guarda y su perro,
tan tiñoso, tan tierno!

Crepúsculo en el pino, 
ya empieza a moverse 
la luna entre las zarzas
de los escarpes, entre 
los leños del vivero
junto al río.

Hace húmedo
pero sube el espacio 
de la noche.
La casa
como una lucecita
celeste en la distancia.

(Luz de velas. Las sombras
tiemblan en las paredes,
se agrandan, se deforman...)

Los pájaros nocturnos
que silban lejos, cerca.
Los sapos, más sutiles
cantores que los pájaros. 

Y Bach, desde el piano,
aislando aún más la casa
en el monte y la noche.
(Piso el verde relente
de la trocha, acercándome...)
 

7. Las horas. Sus pisadas
huecas. ¿En qué desierta
plazuela, o callejuela
sin ruidos, nuestra casa?
¿En qué fecha de un tiempo
no vivido?
(¿Y la niña
que empezaba a tener
dialecto propio, intrépidas,
venideras palabras?)

Nuestra casa -y la niña-
perdida. 
                 Y yo buscándola 
sobre el mapa. 
    Buscando 
por el mar y sus playas,
por las faldas quebradas
de los montes, los pueblos
y las viejas ciudades,
(tan ceñidas de huertas,
de murallas, de árboles,
tan pausadas y anónimas
como los pueblos, aunque
un poquito más grandes).

Buscando, no alejados,
quiméricos oasis,
sino estas mismas aguas
regadoras y alegres
que tengo aquí: su pelo,
sus mejillas, su frente...
 

8. Un pueblo y su espigado
campanario entre pardos
camellones que empiezan
a verdear.
¡Sus cuestas
hacia el río!: agua turbia,
terrosa, turbulenta.
Y un repecho florido
tan indefenso en esta
quietud).
Sol de las cinco
de la tarde. Collejas
con sus flores colgantes, 
y espiguillas curvándose. 

Sobre el color violento 
de los cerros cercanos,
la suavidad violenta
de la sierra.
 
Cruzado
ya el puente, entre los cerros
y la sierra, que ahueca
sus faldas, y se hace 
de bulto, ¿en qué apartada 
cañada, nuestra casa?

¿En qué hocina furtiva,
creciendo, entre las coles
azules y los lirios
morados, nuestra niña?
O, todavía un poco
más lejos, ¿en qué valle
serrano sube un humo
tranquilo entre los troncos
rojizos de los pinos ?
 

9. No hay prisa.
Y hace rato
que no hablamos.
   (Sabemos
que está bien. Sonreímos.)

Verdes, rojas las franjas
de la cortina. Invierno.
Ya no hay ninguna prisa.
Ya cantarán los pájaros.
Ya se abrirán las lilas
y las rosas. La niña
romperá a hablar.
Despacio,
va pasando el invierno.

Estoy solo. (El cuadrado
corralillo, vacío.)
«Radio», floja, lejana:
A través de tabiques,
la voz de un hombre hablando,
dando noticias. (Siempre
noticias.)
La butaca
sin ella.
Me han dejado

(Están los juguetes
todos por el suelo,
el libro abierto, sobre
la camilla. )
Hay violetas.
Y el locutor que sigue,
terco, dando noticias
que no escucho.
 
Despacio,
con su nieve, el invierno,
con el sol de los viejos.

Y ser viejo: haber vivido
más acá de los hechos. )
 

10. Épica de los días
señalados, y lírica
de los días diarios.
Como en esos rincones
transparentes de esquilas,
apenas vislumbrados
y los últimos cantos
guerreros de la Eneida.)

Los trabajos secretos
en los días. Las obras
que brotan, diariamente,
de la actitud. (Los hechos
que son independientes
de nosotros.)
La niña
-su manecita- pega
en el tabique. Y sigue
desfilando el invierno.

Pasa y no pasa.
Crece,
y no crece, la niña.

Y envejezco. Envejece
nuestro amor: labios húmedos,
empañadas miradas
de amor que se hace viejo
(más usado, más nuestro
por el tiempo).
¡Qué largos
años! ¡Bendito seas,
Señor nuestro, en el tiempo
y por el tiempo!
(Fuera,
la nieve de este invierno.)
 

11. Quererla así.
(Viviendo
lo que tengo.)
Y soñarla.
Soñar, así, su frente
clara, su pelo suelto,
sus pies que van descalzos
por los caminos...
(Blancos,
apretados senderos
de un sueño, que nos llevan
¿adónde? ¿En qué recodo
brota un dolor más hondo
que la muerte?)
Tres, cuatro,
diez, once, quince años
tendrá la niña.
Esbelta
de cuerpo, irá creciendo
por la casa.
Las monjas
la Madre Superiora! -
nos robarán sus horas
adictas de curiosa
colegiala.
¡Ojos míos
viejos, corazón mí0
viejo, cargado de años,
de mis años, mis obras,
de mis trabajos secretos
frente a este mismo plato
de plátano mezclado
con jugo de naranja
frente a este mismo ensueño
partido en el mapa)!
Nosotros dos (y ella
chiquitina). Nosotros
tres. (Su risa dormida.)
 

12. Duerme.
(Y nosotros dos
nos hemos ido al estreno.)

Duerme.
(Y hemos estado
pisando juntos.)
Duerme.

Nubes rápidas. Viento
que viene de los Gredos.
Cielo grande nocturno
y un gran lucero verde.

(Las fiestas, y su traje 
de noche -y su belleza-,
mientras la niña duerme...)

De sobremesa, hablamos
tal vez. Poco. Y volvemos
a callar. Nos miramos
a los ojos.
Decimos
lo mismo.
Y nos queremos
hacia la primavera
y el verano, hacia el campo
y su olor despejado,
hacia el mar y sus barcos.
(Mientras la niña duerme.)
 

13. Duerme
Dentro de poco
dormiremos nosotros,
también.
¿Se habrá quedado
Dios en vela? ¿Sus ojos
seguirán recordando
-con el viento en los árboles
veraniegos- la estela
fugaz de nuestro barco?

En esta noche oscura
de cosas que se agrupan
sencillamente tuyas
en torno a nuestro abrazo,
no hace falta que veles,

Señor. (Y, sin embargo,
siempre será mejor
que te quedes despierto,
como un lucero grande
sobre el viento.)
Se hunde
fatigada en el sueño
la casa.
Nos acechan
peligros separados,
pero si estás Tú en vela
dormiremos más juntos
los tres, casi los cuatro.

De "Continuación de la vida" 1949
 
(La fotografía es de autor desconocido para Mundo Poetico. En caso de mal uso, se ruega ponerse en contacto, para darle su crédito o retirarla si fuera necesario...Gracias...)
 
Autor: Luis Felipe Vivanco
Síguenos en
Google News Flipboard
  • 20
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Articulo anterior El otoño
Articulo siguiente La invitación al otoño
omegayalfa
omegayalfa
  • Website
  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
  • Pinterest
  • Instagram

Sobre mi: Colombia - El Amor es el gran refugio Del Hombre Contra La Soledad, La Inmensa Soledad Que Le Han Impuesto La Naturaleza, La Especie, Las Leyes Eternas.
Colombia - Editor

Artículos Relacionados


El descampado

El descampado

El otoño

El otoño

La invitación al otoño

La invitación al otoño


Comentarios



Información
Usuarios que no esten registrados no pueden dejar comentarios, te invitamos a que te registre!

Destacados

Aún Me Acuerdo De Tí

Aún Me Acuerdo De Tí

Dic 08 5 890
Danzando particulas fortuitas....

Danzando particulas fortuitas....

Mayo 19 5 109
Amor Mundano

Amor Mundano

Oct 19 4 387
Ana

Ana

Oct 13 2 846
No me voy a rendir nunca...

No me voy a rendir nunca...

Mayo 19 3 254

Lo mas leidos

Amistad a lo largo

Amistad a lo largo

Por omegayalfa 06-04-23
Gacela de la amistad

Gacela de la amistad

Por omegayalfa 02-08-19
Algunas amistades son eterrnas

Algunas amistades son eterrnas

Por omegayalfa 29-09-19

Etiquetas

El inviernoLuis Felipe Vivanco




Facebook Twitter Instagram Pinterest Linkedin Youtube
  • Anunciarse
  • Política de privacidad
  • Términos y Condiciones
  • Sobre nosotros
  • Contactar
© Mundo Poetico. Reservados todos los derechos, queda prohibida la reproducción parcial o total sin previa autorización.