Cuántos quisiéramos haber sido un Quijote
con yelmo, armadura, lanza y espada,
haber tenido una elegante barba
y también un muy fino bigote,
rescatar a unas cuantas damas
y confesarlas cual sacerdote...
Montados en un deteriorado jamelgo
en homenaje al eterno Rocinante,
buscar a nuestro fiel escudero
y aventurar con el sol por delante,
quizás en algún verso me cuelgo
de las aspas de un molino de viento...
Combatir en nombre de nuestra Dulcinea
que importa que no sea del Toboso,
llevarle todos nuestros trofeos
y hacer famosa a su aldea,
no se pongan celosos los babosos
que este es sólo otro paseo...
Mis enemigos no serían molinos,
los míos serían demonios internos,
no importará el camino escogido,
todos van con rumbo al infierno,
en este poema no hay seres divinos
ni va para ningún elegido...
Autor: Carlos Armijo Rosas




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