Realidad

07-55

La verdad de este cuerpo
 mi más honda verdad.

 Invadirlo,
 apresarlo,
 hasta sentir su carne
 prolongada en la mía,
 integrada en mi sangre,
 y sentir por la suya
 esa lava ya fría del ardor del placer.

 Hasta su sexo llego
 como aquellos amantes
 que ante un cuerpo desnudos
 oficiaban con fervor y belleza
 sabiéndose partícipes de Pan y de Afrodita.
 Sobre la tierra inhóspita,
 bajo el cielo callado y los dioses ausentes,
 avanzo por sus valles, laderas, promontorios,
 y en el instante exacto del gemido
 asalto, rompo, ocupo
 la cueva misteriosa,
 el cálido refugio
 donde morar silente.

 Ya rendidos, y fríos, y exhaustos,
 los cuerpos se separan,
 sus poderes se anulan:
 una tregua se abre sobre los blancos lienzos.

 Hasta que una mano furtiva se desliza
 por la piel tan surcada,
 las piernas se entrelazan,
 la carne, enmudecida, recupera sus voces,
 y el sexo,
 cual un mar saliendo de su calma,
 se levanta y avanza:
 hacia el cuerpo que amo
 y que a mi lado yace.

 Hermosa realidad que devoro insaciable.

Autor del poema: Emilio Miró

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