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Vampirología 1

Vampirología 1
 

Vampirología 1


He sido noctíerrabundo por centurias y no supuse osadía compartida entre mortales e inmortales para hacer frente a un Ser Originario. 
Viaje incluso a través del Angulo Natural de la Opacidad siguiendo sus pasos y la muerte fue un obsequio recurrente para los Orbes y sus entes. 
Compartí con él, en un horizonte remoto y anegado de soledades, miles de exterminios de los bastardos esplendentes. 
Ahuyentar la intrepidez de los chacales del tiempo y el espacio no fue fórmula, sino sello. 
Conllevamos alguna balada negra por los hombres e inhumanos que cabrioleaban en el Universo de los Horrores. 

Y nunca hubo batalla alguna. Simple devastación a partir del Florete Nocturno de Rubal, la espada del Auspicio Sempiterno, el adminículo sangriento del Señor de los Cuervos.
Hoy la mostrenca audacia llegará a su fin. 

La comarca de los crédulos en este momento está desértica y su hora apocalíptica se les avecina a pasos brunos y descomunales. 

No hubo crepúsculo siquiera, el manto de las Tinieblas ha excluido al celaje tempestuoso, al obsceno y argentino satélite y a las ráfagas siniestras del viento. 

El ambiente se ha pintado de la más absoluta tenebrosidad y de un solemne silencio.

Detrás de lo invisible, en la más álgida y perturbada imaginación, un espectro amorfo se intuye, el miedo con atavíos góticos y elegantes se aproxima. El vampiro más brutal de la oscuridad camina parsimonioso y confiado en la cerrazón. Su carácter naturalmente fiero y salvaje, adornado por esa mueca pavorosa de indiferencia lo haría lucir regio, si algo pudiera verse en él.

Ese sonido, esa resonancia, esa extraña reverberación acústica del infierno que se asemeja a la hinchazón y punción intermitente de cúmulos de niebla en el Gehena, es su inherente resuello de furor y de maldad. El pánico impuesto se le adelanta algunos pasos y hiere al entorno premeditadamente. 

Los legionarios de la Dama Negra y de las cosas rosas, han sentido el derroche siniestro de su presencia y se contraen sus poros, sus pensamientos, sus denuedos…
Sus vértebras se han erizado en el arrepentimiento y la pavura… 

Aquel desquiciante gruñido se escucha cada vez más cerca.

Tomaré mi lugar a la distancia, él me ha advertido y de acuerdo al desvió de sus infernales pupilas me prefiere ausente…

Me llama la atención su sorprendente espada ya desenvainada y la manera imponente de portarla. Es un monumento al terror. Yo mismo doblo mi cuerpo y me retrotraigo. No sería prudente que alguien más sintiera el peso de aquella visión.

Bueno, sé que los retadores ya están más muertos que vivos, pero se les adeuda una pequeña dosis de muerte…

No necesito artilugios de otra dimensión para hacerme testigo del cataclismo.
Disfrutaré la lección
 
Autor del poema: Dorian (D.R.C)
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