El hombre estaba solo
dentro de su propio corazón.
El hombre era el alimento
del ludibrio, la soledad y la fosca bruma.
Milpa noctívaga. Maná para los cuervos.
Eso era el hombre del autorretrato,
un novo Dorian de Wilde en labrantío:
Espantapájaros en involución.
Cuando el cielo sangra y lo tachonan negras nubes;
no siempre se trata de cirrus, cúmulos, nimbus o estratos;
son pájaros del infierno, grajos prietos en el aire
acechando al hombre más solitario del mundo...
Aguaitándolo para destrozarlo en un siniestro abrazo… y jurándole a la postre fidelidad.
El espantapájaros no espanta a nadie.
El espantajo es hermano de las tinieblas
y de los cuervos protector.
El espantapájaros sigue solo,
solo y muy a gusto dentro de su propio corazón.
Autor del poema: Dorian (D.R.C)




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