Aparta la venda, luz, que me ciegas!
Que están por venir las tinieblas,
la candela sin flama,
los que no son y ya llegan.
Sombras de mi dormitar,
formas sin forma,
éter murmurando ecos,
voz sin lengua.
Y han de tocarme y gemir,
un saludo al inóxpito aire,
mano cadáver en mi hombro,
un beso de buenas noches.
Y habremos de danzar a las doce,
con los huesos crujiendo y los pies descalzos,
sin carne, sin boca, sin ojos ni gestos,
tan sólo un estrecho abrazo.
Y subiremos a tocar las campanas
para que su son reparta el miedo
y un rumor quiebre el silencio:
¡Ya vienen los muertos!
Fallecidos, expirados ayer,
cuenta lustros de olvido,
con pincel oxidando los nombres
y cincel fracturando mármol,
arrullados por estatuas de ángel,
con abrigo de musgo y una capa de hiedra,
cicatriz en el rostro,
faz surcada en antaños
por el paso cansado de duelos y quebrantos.
Somos sombras, umbrías en pedazos
que sembramos lóbregas semillas
y recogemos llantos.
Autor del poema: Dorian (D.R.C)




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