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En contra de la duda y la mortalidad
 

En contra de la duda y la mortalidad


Lo poco que pueda ser plausible en este mundo se encuentra en la amnésica nocturnidad, en su apático sosiego.
Y no, por supuesto que aquella falsedad no estuvo, ni líricamente, puesto que no cabía en la sinceridad de las Tinieblas.

Esa serenidad chicha y perversa me vivifica,
agazapada, como felino hambriento
con el eco de sus gruñidos, estimula el horror
y reconforta a la bestia de mi cuerpo.

Tanta soledad me hace vomitar mis negros suspiros,
desnudar mi sombra ante la tolvanera de la omisión,
abrazarme fuertemente a su sincera malevolencia .
Jardín de los infaustos, subyuguen mi desalmada alma!

El castigo es para la duda,
el sepulcro para la contradicción,
los crisantemos para los recuerdos
y la osamenta para el Demonio Devorador.

Oh, la jaula… la jaula es la bendita maldición!

La mortalidad con sus huellas de lunas,
con el fango de su mirada indulgente,
con esa necia concurrencia de ansias
y el manumiso mechón de hipocresías.

Niégate, no tres, sino mil veces.

Ayes por el suicidio sanguíneo!
Ayes por los pensamientos pulsantes!
Ayes por la tontería cardiaca ¡
Ayes por los brazos, el torso y los labios falacios!
Un Ay descomunal por el subterfugio que te hace dudar.

Rememoro el índigo, a la majestuosidad de tus sombras,
al negrísimo deslumbramiento de tu aleteo siniestro
y al amor inicuo, retorcido y malévolo de tu inmortalidad.

Los Cuervos no graznan, porque la niebla de tus palabras los puso a pensar.

Imbatibles parvadas del mal agüero no sufran más!
Yo sigo negro. Ni olvido, ni extraño. Nunca más.
 
Autor del poema: Dorian (D.R.C)
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