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Reyerta

Reyerta

 

En la mitad del barranco 
las navajas de Albacete, 
bellas de sangre contraria, 
relucen como los peces. 
Una dura luz de naipe 
recorta en el agrio verde, 
caballos enfurecidos 
y perfiles de jinetes. 
En la copa de un olivo 
lloran dos viejas mujeres. 
El toro de la reyerta 
se sube por las paredes. 
Ángeles negros traían 
pañuelos y agua de nieve. 
Ángeles con grandes alas 
de navajas de Albacete. 
Juan Antonio el de Montilla 
rueda muerto la pendiente, 
su cuerpo lleno de lirios 
y una granada en las sienes. 
Ahora monta cruz de fuego, 
carretera de la muerte. 



El juez, con guardia civil, 
por los olivares viene. 
Sangre resbalada gime 
muda canción de serpiente. 
Señores guardias civiles: 
aquí pasó lo de siempre. 
Han muerto cuatro romanos 
y cinco cartagineses. 



La tarde loca de higueras 
y de rumores calientes 
cae desmayada en los muslos 
heridos de los jinetes. 
Y ángeles negros volaban 
por el aire del poniente. 
Ángeles de largas trenzas 
y corazones de aceite.

 

Autor del poema: Federico García Lorca

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