XXXVII ¡Con qué artificio tan divino sales de esa camisa de esmeralda fina, oh rosa celestial alejandrina, coronada de granos...
Miré, señora, la ideal belleza, guiándome el amor por vagarosas sendas de nueve cielos, y absorto en su grandeza, las ejemplares...
Te deseo primero que ames y que, amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de...
Coches cerrados llegaban a las orillas de juncos donde las ondas alisan romano torso desnudo. Coches que el Guadalquivir tiende...
Buscaba Magdalena pecadora un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos perdón, que más la fe que los cabellos ata sus pies, sus...
Entre italiano y flamenco, ¿cómo cantaría aquel Silverio? La densa miel de Italia con el limón nuestro, iba en el hondo llanto...
Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza. Córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor....
La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando....
Sobre el monte pelado un calvario. Agua clara y olivos centenarios. Por las callejas hombres embozados, y en las torres veletas...
Espíritu sin nombre, indefinible esencia, yo vivo con la vida sin formas de la idea....
Se ven desde las barandas, por el monte, monte, monte, mulos y sombras de mulos cargados de girasoles....
I Un bello niño de junco, anchos hombros, fino talle,...












