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Mi Desnudez Descubro...Y De Golpe, Tu.

Mi Desnudez Descubro...Y De Golpe, Tu. 
Si tus puños abres, aprendes a acariciar
 
I
 
Una mujer golpeada, reducida
acaba de atizar mi alma
su vida
( no vida)…
Hombres,
¿por qué destruyen tanto
lo que no pueden amar?.
 
Lloro por ella
y por todas las mujeres
que se siguen fracturando
con caricias resignadas:
 
caricias encerradas en los puños,
y su cobardía.
 
El verbo inmundo que pieles abren,
donde el alma nunca remonta.
 
Eslabones con sangre
gritos que no pueden dar,
 
auxilio que nunca llega.
 
Silencio que ensordece…
 
Mujer golpeada,
¡cuánto me dueles!
 
mujer herrumbre.
 
Hombre (moderno) de las cavernas,
era (del corazón) de piedra
(des)constructor de materia
opresor de belleza,
 
(in)sensible cazador.
 
II
 
María, la Magdalena, deja de llorar.
Se suelta el cabello y se descalza,
sacude el polvo de sus pies
y los llena de tierra nueva…
 
Porque toda mujer
debería vivir con su pelo suelto,
largo,
libre.
Como libre sus muñecas, su pulso
y sus pasos…
 
III
 
Amaré por ser mujer
y por todas ellas
que no son amadas
–nosotras somos ellas, también-.
 
¡Amadas Magdalenas mías!
en la piel
siempre
las
he
llevado
 
IV
 
Y hay un momento del día
(de la vida)
en que lo natural parece absurdo,
como temblores que se quedan palpitando en las manos.
 
Caricias a quienes hicimos crecer
más allá de nuestros dedos
haciendo levitar batallas,
lápices, aperturas…
ciudades antiguas.
 
Abrazos (sus viajes),
medallas, muros, noches siderales.
Soles encerrados en cabriolas
recuerdos apenas construidos.
Los fracasos de la muerte
(la audacia de la vida),
huesos alzados amontonados
un tanto calcinados.
Sonidos de bandoneón
alivianando al cielo
(como si al cielo se le pudiera cambiar su aflicción de alas).
 
Las piedras
que llegan reducidas a su destino
con unos pies destrozados
detrás de ellas.
 
Textos que se olvidaron de escribir
porque era la vida quien dictaba sus fatigas.
Muros a los cuatro costados
para que por dentro puedas verte cinco veces
(el tiempo que no querías)…
 
Y que al final de la caricia,
logres regresar con una
(otra)
mano posible
natural,
cosida a la tuya.
 
V
 
¿Qué ocurre antes de la caricia?
La apertura de las manos. 
 
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