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Cosas

Cosas

Cosas



Amo las cosas que nunca tuve 
con las otras que ya no tengo. 

Yo toco un agua silenciosa, 
parada en pastos friolentos, 
que sin un viento tiritaba 
en el huerto que era mi huerto. 

La miro como la miraba; 
me da un extraño pensamieto, 
y juego, lenta, con esa agua 
como con pez o con misterio. 



Pienso en umbral donde dejé 
pasos alegres que ya no llevo, 
y en el umbral veo una llaga 
llena de musgo y de silencio. 



Me busco un verso que he perdido, 
que a los siete años me dijeron. 
Fue una mujer haciendo el pan 
y yo su santa boca veo. 



Viene un aroma roto en ráfagas; 
soy muy dichosa si lo siento; 
de tan delgado no es aroma, 
siendo el olor de los almendros. 

Me vuelve niños los sentidos; 
le busco un nombre y no lo acierto, 
y huelo el aire y los lugares 
buscando almendros que no encuentro... 



Un río suena siempre cerca. 
Ha cuarenta años que lo siento. 
Es canturía de mi sangre 
o bien un ritmo que me dieron. 

O el río Elqui de mi infancia 
que me repecho y me vadeo. 
Nunca lo pierdo; pecho a pecho, 
como dos niños, nos tenemos. 



Cuando sueño la Cordillera, 
camino por desfiladeros, 
y voy oyéndoles, sin tregua, 
un silbo casi juramento. 



Veo al remate del Pacífico 
amoratado mi archipiélago 
y de una isla me ha quedado 
un olor acre de alción muerto... 



Un dorso, un dorso grave y dulce, 
remata el sueño que yo sueño. 
Es el final de mi camino 
y me descanso cuando llego. 

Es tronco muerto o es mi padre 
el vago dorso ceniciento. 
Yo no pregunto, no lo turbo. 
Me tiendo junto, callo y duermo. 



Amo una piedra de Oaxaca 
o Guatemala, a que me acerco, 
roja y fija como mi cara 
y cuya grieta da un aliento. 

Al dormirme queda desnuda; 
no sé por qué yo la volteo. 
Y tal vez nunca la he tenido 
y es mi sepulcro lo que veo...


Autor del poema: Gabriela Mistral

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